Biografías de Derechos Humanos

19 de febrero de 2016

Desmond Tutu, el obispo del Arco Iris

TUTU

“Un padre que lleva a su hijo a ser un racista, daña al niño, daña a la comunidad donde viven, daña nuestras esperanzas de un mundo mejor, y un padre que enseña a su hijo que sólo hay una orientación sexual y que cualquier otra cosa es maligna, niega nuestra humanidad y la suya también”, ha enseñado en sus seminarios el primer arzobispo anglicano negro de Ciudad del Cabo y Johanesburgo, Sudáfrica, y Premio Nobel de la Paz de 1984, Desmond Tutu.

Tutu, uno de los más destacados activistas por los Derechos Humanos y el fin del régimen racista del Apartheid, se destacó desde joven como la “voz” de los sin voz de los sudafricanos junto al ex presidente, fundador del partido del Congreso Nacional Africano (CNA), prisionero político durante 27 años y también Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela.

Nacido el 7 de octubre de 1931 en Klerksdorp, Transvaal, Sudáfrica, primero fue maestro dado que su familia no podía costearle los estudios de medicina, y luego estudio teología en Londres. Fue el segundo de los cuatro hijos de Zacheriah Zililo Tutu y el primero de su esposa, Aletta Tutu.

“No estoy interesado en recoger las migajas de compasión que arroja de la mesa alguien que se considera mi amo. Quiero el menú completo de derechos” y “si eres neutral en situaciones de injusticia es que has elegido el lado opresor”, sostenía con su credo encendido.

Colonizadores en el sur de África

Crítico del colonialismo europeo, Desmond Tutu destacaba que “cuando vinieron los misioneros a África tenían la Biblia y nosotros la tierra. Nos dijeron: vamos a rezar. Cerramos los ojos. Cuando los abrimos, teníamos la Biblia y ellos la tierra”.

Así sucedió. Lo que hoy conocemos como Sudáfrica fue un territorio disputado por distintos imperios europeos desde 1487, cuando una expedición portuguesa al mando de Bartolomé Díaz cruzó el punto más austral de África: Cabo das Tormentas (hoy Ciudad del Cabo), que el rey Juan II de Portugal se empecinó en cambiar por el de Cabo de Buena Esperanza.

No obstante, fueron los holandeses quienes establecieron primero un férreo dominio sobre el territorio. En abril de 1652, Jan van Riebeeck estableció en Ciudad del Cabo el primer puerto de abastecimiento para la compañía holandesa de las Indias Orientales e inició la expansión sobre el territorio que se extendió a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

A fines del siglo XVIII, Gran Bretaña avanza en la expansión de su imperio. A partir de su victoria en la cuarta guerra anglo-holandesa, ocupó el área del cabo de Buena Esperanza en 1797 y nueve años después anexó la Colonia del Cabo. En las décadas siguientes, no sin conflictos armados con los descendientes de holandeses que habían dominado esa zona, y con poblaciones originarias, aumentó su control en cada vez más territorios del Sur de África.

Los descubrimientos de diamantes y oro en la segunda mitad del Siglo XIX incrementaron la voracidad colonialista, estimularon el desembarco de grandes compañías, el desarrollo del ferrocarril y el establecimiento de infraestructura para la explotación extractiva de alta escala.

La tensión entre ingleses y holandeses, en esta etapa, estalló en las denominadas “guerras Boers”, en las cuales los descendientes de holandeses contaron con el apoyo de las colonias alemanas asentadas en la región. El triunfo inglés dio lugar a la creación, en 1910, de la colonia denominada Unión Sudafricana. Pero la unidad se fracturó en 1939 con el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Sudáfrica, a través de Gran Bretaña, ingresó al bando de los aliados, mientras que los afrikáners -como se llamaban a los descendientes holandeses-, integrados al ala dura del Partido Nacional, simpatizaron con la Alemania Nazi.

Vivir en el apartheid

En 1948, cuando Desmond Tutu tenía 17 años, el Partido Nacional llega al poder e instaura un sistema racista, o apartheid, palabra que en Afrikáans, idioma criollo derivado del neerlandés que comenzó a forjarse en Sudáfrica a finales del siglo XVII, significa “segregación”. Se creó un vasto sistema jurídico que eliminó los derechos políticos, económicos y sociales de la población africana negra. Les prohibió explícitamente el voto, la agremiación, las huelgas y protestas, la libre circulación y la educación mínima; y estableció guetos alejados de la población blanca.

En este contexto opresor creció Tutu. En 1953 se recibe de maestro en el Colegio Normal Bantú de Pretoria y consigue trabajo en la escuela donde su padre era director. Fueron años de estudio y docencia. Dos años después obtiene su título de grado en la Universidad de Sudáfrica (UNISA) y en 1960 la licenciatura en teología en el St. Peters Theological College de Rosettenville, ubicado en una de las ciudades más importantes de su país, Johannesburgo. También en esa década se casa con Nomalizo Leah Shenxane y tiene cuatro hijos: Theresa Thandeka, Mpho Andrea, Naomi Nontombi y Trevor Thamsanqa.

Como era de esperar, el apartheid tuvo una gran resistencia. Diferentes partidos políticos (en especial el ANC -African National Congress- y el PAC –Pan African Congress-) y sectores sociales llevaron adelante acciones críticas y de activa oposición. En 1960 se sucede uno de los hechos más trágicos: la Masacre de Sharpeville. El PAC organiza una campaña en protesta por la “ley de pases”, que exigía a la población negra la tenencia de autorizaciones para transitar determinadas zonas, sufriendo penas de prisión en caso de no poseerlas. El 21 de marzo de 1960, en la localidad de Sharpeville, 5 mil personas se movilizaron frente a la comisaría local en protesta por la ley de pases. La repuesta de la policía fue una feroz represión que tuvo como saldo sesenta y ocho personas asesinadas y ciento ochenta heridas. A partir de este trágico hecho, las manifestaciones aumentaron. La reacción del gobierno fue mayor represión: en abril de ese año se ilegalizaron los movimientos ANC y PAC.

La política de segregación racial tuvo reacciones internacionales. Si bien tanto en Estados Unidos como en Europa el apartheid era visto como una contención contra cualquier intento de avance de la URSS y el comunismo, los niveles de discriminación y xenofobia alcanzados generaron la condena internacional. En 1960, el Consejo de Seguridad de la ONU condenaba la Masacre de Sharperville e instaba a Sudáfrica a terminar con el apartheid. Tres años después se creó el “Comité Especial contra el Apartheid”. En 1974, Naciones Unidas avanza en las condenas, y suspende a Sudáfrica de participar de sus actividades. En 1977, el sistema de apartheid fue declarado un crimen contra la humanidad de acuerdo al Derecho Internacional. En 1985, se aumenta el aislamiento de Sudáfrica cuando el Consejo de Seguridad de la ONU impulsó sanciones económicas por parte de los Estados miembros.

También hubo condenas en las organizaciones internacionales deportivas. El país fue excluido de los Juegos Olímpicos entre 1962 y 1976, y de la FIFA entre 1972 y 1990. También fue impedido de participar de las Copas Mundiales de Rugby de 1987 y 1991. Recién pudo ingresar como organizador en 1995, cuando se consagró campeón, con participación de jugadores afrodescendientes.

Desmond Tutu mantuvo durante los años de apartheid una prédica constante en favor de los derechos civiles y el desmantelamiento de la segregación, y se convirtió en un referente nacional e internacional de los derechos del 80 por ciento de la población de su país. Entre 1967 y 1969, siendo ya miembro de la Comisión Directiva en el Seminario Teológico de la Universidad de Fort Hare, dio conferencias denunciando la precariedad y el racismo de las poblaciones más vulnerables. Creyente y consciente de que su carrera religiosa influía en su lucha, recorrió todas las escalas de la Iglesia Anglicana. En 1972, fue designado en Londres vicedirector del fondo teológico de educación del Consejo Mundial de Iglesias y en 1975 volvió a Sudáfrica, donde fue ordenado primer obispo negro de la Iglesia de la Provincia de África Meridional en Sudáfrica.

El reconocimiento por su lucha trascendió las fronteras de su país, y llegó a su punto máximo cuando fue distinguido con el premio Nobel de la Paz en 1984 por su “papel como líder de la unificación en su campaña para resolver el problema del apartheid en Sudáfrica” y como mediador entre los líderes sudafricanos.

La caída del apartheid y la Comisión de la Verdad

Cercado por las protestas locales y el aislamiento internacional, el presidente sudafricano Frédérik de Klerk se vio obligado a impulsar el fin del régimen del apartheid. A partir de su asunción en 1989, levantó la proscripción del Congreso Nacional Africano y otras organizaciones políticas de izquierda, y liberó a Nelson Mandela, principal referente contra este sistema de discriminación, tras 27 años de prisión. En 1993, se realizó un referéndum en el que se impuso la propuesta de otorgar el derecho al voto a la población negra y, un año después, se realizaron las primeras elecciones democráticas del país. Nelson Mandela gana la presidencia por mayoría absoluta en representación del CNA y lleva adelante una política de reconciliación nacional y desmantelamiento del apartheid.

Entre las medidas adaptadas, en 1995 se sancionó la Ley para la Promoción de la Unidad Nacional y la Reconciliación que, entre otras cosas, creaba la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación, cuya tarea principal residía en realizar un informe de las violaciones a los Derechos Humanos perpetradas desde la Masacre de Sharperville hasta diciembre de 1993. Desmond Tutu fue elegido por Nelson Mandela para presidir la Comisión.

El trabajo realizado fue complejo pero excepcional. Se registraron aproximadamente el testimonio de 22 mil víctimas, de las cuales más de 2 mil participaron en las audiencias públicas que fueron difundidas por diferentes medios de comunicación. Entre sus principales características, la Comisión contó con la amnistía para los perpetradores y la reparación para las víctimas como instrumentos para lograr testimonios. El 29 de octubre de 1998, la Comisión presentó el informe final al Presidente Nelson Mandela. En el documento se estableció que el apartheid fue un crimen contra la Humanidad y reconoció a la resistencia armada contra el apartheid como una “guerra justa”.

Si bien la Comisión presidida por Tutu buscó la reconciliación, no dudó en criticar el papel de la comunidad blanca que “casi siempre apareció o indiferente u hostil al trabajo de la Comisión. Con raras excepciones individuales, las respuestas del Estado anterior, de sus líderes, instituciones y de los órganos más destacados de la sociedad civil de ese período fue la de eludir, tapar y confundir”. También la Comisión recibió cuestionamientos de diferentes sectores por las concesiones y negociaciones que se realizaron para que pudiera funcionar. La amnistía concedida logró conseguir Verdad y expuso ante la sociedad el horror vivido, pero muchas víctimas no consiguieron Justicia. La mayoría de los perpretadores nunca fueron condenados.

Con su tarea en la presidencia de la Comisión, Desmond Tutu, considerado como la “conciencia” de Sudáfrica, coronó décadas de lucha en contra de la discriminación, la xenofobia y el racismo. Ha sido una de las figuras más importantes en el impulso de la reconciliación en su país, al que llamó “la Nación del Arco Iris de Dios”.

El 22 de Julio de 2010, a los 79 años, el obispo del arco iris anunció su retirada de la vida pública. Su obra, como decía Borges, perdurará más allá de nuestro olvido.